Educar implica tener que decir

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“No quiero lavarme los dientes”, “no quiero abrocharme el cinturón de seguridad”, “no quiero comerme la verdura”, “no quiero recoger los juguetes”, “no quiero apagar el móvil”. ¿Nos suena? Supongo que a todos los padres, en mayor o menor medida, nos suenan estas negativas por parte de nuestros hijos. A veces intentamos razonar con ellos, otras los ignoramos, otras dependiendo de como nos ha ido el día, reaccionamos con un monumental enfado (o cabreo, hablando en plata…) y otros, nos rendimos ante la insistencia de la negativa y por no discutir, cedemos.

 

Flaco favor les estamos haciendo a nuestros hijos en este último caso, ya que aprenderán que las negativas se acaban convirtiendo en éxitos y que con su actitud consiguen lo que quieren. ¿Cuál  será el resultado? Que se convertirán en auténticos tiranos y acabarán dominándonos. Y si no cambiamos de actitud, este comportamiento se irá fortaleciendo hasta hacer la convivencia familiar insoportable, incluso llegando a los malos tratos, tanto físicos como psicológicos, por parte de los hijos hacia sus padres. 

 

Según Pedro García Aguado (“Hermano Mayor”) y Francisco Castaño, profesor de Secundaria, estos trastornos de conducta o malos comportamientos se gestan en Primaria y se manifiestan en Secundaria. 

 

¿Cómo puedo detectar si mi hijo es ya un tirano? Si no acepta un “no” por respuesta y monta una monumental pataleta, indudablemente es un tirano o lleva camino de serlo.  Cuándo el niño es pequeño es más fácil de dominar, pero a los 16 años…

 

¿Qué podemos hacer para evitar que se conviertan en tiranos? Estos expertos nos dan una serie de consejos:

 

1.- Aguantar las pataletas el tiempo que sea necesario hasta que se den cuenta que por ese camino no consiguen nada. Mantenerse firme, cueste lo que cueste.

 

2.- Fortalecer su autoestima haciéndoles saber cuando han hecho algo bien. No solo recriminar las malas acciones o comportamientos.

 

3.- No es necesario acabar a gritos. Hay que establecer límites y castigos Y CUMPLIRLOS.  Muchos padres amenazan mucho y castigan poco. 

 

4.- No pretender ser colegas de nuestros hijos. Somos sus padres y tenemos que educarlos, por mucho esfuerzo que nos cueste. No es fácil..

 

5.- Dar buena imagen a nuestros hijos con nuestras acciones y comportamientos. Hay que inculcarles valores, respeto y disciplina. Nuestros hijos no nacen siendo empáticos, responsables, o educados. Lo aprenden de nosotros, son conductas adaptativas.

 

6.- No sobre-protegerles.Tendemos a darles todo mascado, tratamos de solucionar sus problemas, intentamos que no sufran. ¡Gran error! Para afrontar la dura vida que les espera deben aprender a frustrarse, a pasarlo mal y a sufrir (obviamente, dentro de unos límites lógicos y normales para su edad) y a ganarse las cosas con esfuerzo. De hecho, hay quienes dicen que la sobreprotección es un tipo de maltrato ya que impide al niño enfrentarse a situaciones negativas y frustrantes que le fortalecerán de cara al futuro.  

 

7.- Escuchar a nuestros hijos. No sólo cuándo nos hablan del colegio, los exámenes o los amigos, si no también cuándo nos quieren hacer partícipes de su preocupaciones, sus dudas y sus problemas.  Esto creará un clima de confianza que facilitará las relaciones y estrechará los lazos afectivos. 

 

¡Qué difícil es educar!  Pero qué gratificante cuándo nuestro esfuerzo se ve recompensado con unos hijos bien educados, responsables, disciplinados y que se esfuerzan en conseguir sus propósitos y sus éxitos. Y sobretodo cuando ves que tus hijos hacen lo mismo con los suyos.



Publicado el 11 de noviembre por SafeChildren Guardian en la categoría de padres


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