El peor educador del mundo. El móvil

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Este mérito lo ostenta el omnipresente móvil. Celular, smartphone, aifon, ladrillo o cualquier otro nombre que reciba no le exonera de semejante gloria, ni de su culpa.

 

Las normas de convivencia y la propia educación, la buena se entiende, se han visto despedazadas y expulsadas de nuestro entorno desde la aparición, intromisión más bien, de estos dispositivos que llegaron para ayudar y entretener y que se han quedado para esclavizarnos y hacernos sucumbir a una adicción más, otra más.

 

Además de la infinidad de ejemplos que vivimos y presenciamos diariamente todos y cada uno de nosotros, quienes viajamos habitualmente sufrimos un par más. A saber, y en primer lugar: AVE, ese tren tan frecuentado por gente de empresa se ha convertido en una maraña de conversaciones de voces elevadas. Las solicitudes por parte del personal de Renfe de utilizar las plataformas entre vagones para hablar por teléfono, así como de moderar el volumen del mismo son inútiles en absoluto. Somos minoría quienes seguimos las recomendaciones de megafonía frente a la legión aplastante de maleducados que nos hacen involuntarios testigos de sus conversaciones privadas y en la mayoría de ocasiones prescindibles y vacuas.

 

Segundo: los aviones, donde no respetar las instrucciones y prohibiciones, que no meras recomendaciones, puede suponer un riesgo para todo el pasaje. A pesar de estar prohibido el uso o encendido de aparatos electrónicos una vez cerradas las puertas del avión y hasta la llegada a la terminal, es habitual encontrar gente que desoye dichas instrucciones. Así, es frecuente escuchar el pitido de mensaje recibido o buzón de voz mientras el avión se dirige, por la pista hacia el “finger”. De hecho, es habitual que coincidan ambos sonidos, el del aterrizaje y el de los pitidos de los varios móviles.

 

Se trata de dos ejemplos representativos del grado de falta de respeto por los demás, pues no se trata solamente de ignorar las recomendaciones de uso y convivencia sino incluso la intencionada ignorancia de instrucciones de obligado cumplimiento como en el caso de los aviones.

 

Cuando el espacio común es monopolizado por unos pocos y su uso usurpado por los mismos, es que algo falla, y mucho. Falla la convivencia, falla la sociedad y falla el precepto de que el bien de la mayoría está por encima de las minorías.

 

Ahora bien, ¿Se trata de simple mala educación? ¿De individualismo? ¿De comportamiento antisocial? ¿O de todo ello provocado por la adicción y dependencia del teléfono móvil?

 

La respuesta no es fácil pero, a pesar del título del post, posiblemente el móvil sea el catalizador de todo ello. Es decir, el móvil no ha hecho más que evidenciar todo aquello que ya existía en mayor o menor medida.

 

En todo caso, si es así, estamos ante un doble problema: el formal, la mala educación. Y el nuclear: la dependencia de un dispositivo que ha pasado a ser un fin en sí mismo, en lugar de un medio.

 

Ahora bien, ¿y en la familia, qué ocurre? ¿Somos un buen ejemplo para nuestros hijos enviando mensajes o whatsapps a medianoche, poniendo el móvil encima de la mesa en una cena de amigos, al estilo de los westerns con cantinas y pistolas, aceptando llamadas en mitad de cualquier conversación o episodio familiar? Seguro que podríamos añadir aquí un casi infinito etcétera. 

 

Pensemos ahora en nuestros hijos, quienes nos ven y observan con detalle pues somos su referencia y modelo. De nosotros depende que nos dirijan la palabra en la cena de Navidad...o que nos manden un whatsapp desde la silla de enfrente.

 

Nota del Autor: Gracias por darme un tema más para esta serie de posts: va por ti, Pi, madre ocupada y preocupada por sus tres “churumbeles”.



Publicado el 22 de octubre por SafeChildren Guardian en la categoría de padres


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