Internet y nuestra intimidad

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Intimidad e Internet: dos conceptos que no casan bien en principio. ¿Por qué? Comencemos por ver qué es intimidad según una de las muchas definiciones existentes: intimidad es una zona propia que la persona reserva para un grupo acotado, generalmente amigos y familia. Si lo compartimos en la red, está claro que no lo hacemos solamente con un círculo elegido de conocidos pues lo exponemos a cualquier persona que quiera acceder nuestra información personal. La hacemos pública, por lo que deja de ser personal e íntima. 

 

Pero no es lo mismo colgar fotos de nuestras vacaciones que desvelar nuestra orientación sexual o filiación política por ejemplo. Es decir, hay información que además de íntima puede ser sensible. 

 

Además. también existen informaciones compartidas con terceros por lo que no debemos desvelarlas sin contar previamente con el consentimiento de dichas personas, bien sean familiares, pareja, amigos, conocidos o personajes públicos. 

 

Qué es y qué no es intimidad depende de la cultura, la sociedad o grupo social al que se pertenece. Pero también es algo que se aprende con el tiempo y la maduración personal. Un ejemplo sencillo: los pequeños no sienten pudor al mostrarse desnudos hasta una cierta edad. Lo van adquiriendo conforme se desarrollan en sociedad.

 

Pero la combinación A) nativos digitales y B) inmadurez ha dado lugar a un curioso fenómeno: prima más el compartir en la red que la propia intimidad. Para ellos es más importante mostrarse activos en Internet que sopesar las posibles consecuencias de colgar determinada información en la red. 

 

Dicen que la madurez consiste en asumir los efectos futuras de los actos propios. Cuando todavía no se ha alcanzado la misma, las consecuencias son algo que queda muy lejos en el tiempo y en lo que no merece la pena pensar. Así, no sorprende que los adolescentes (aunque también adultos) actúen como si no hubiera mañana y expongan más de lo debido en Internet. Información que quizá hoy no importe que sea vista pero que puede suponer un problema mañana. O bien, que decidan compartir información propia pero que también afecta a terceras personas.

 

Y esta es la parte más peligrosa, pues cualquiera puede grabarnos hoy con un móvil, bien sean nuestras palabras o nuestros actos, quedando así expuestos a la totalidad del mundo, queramos nosotros o no. Está claro que nadie puede sentirse a salvo de ser protagonista involuntario de un viral en cualquier momento. Es suficiente que hagamos algo en un ambiente poco seguro, aunque lo consideremos íntimo, que alguien nos grabe, y que decida colgarlo en la red.

 

Por si todo esto fuera poco, existe un comportamiento curioso en la sociedad actual: el efecto llamada o el efecto “trending topic", consistente en competir, a cualquier precio por tener unos minutos de gloria en la red. Y para ello vale todo, absolutamente todo, incluso a costa del riesgo o dignidad propios.

 

¿Ejemplos? Balconing (tirarse desde la azotea o balcón a la piscina), mamading (proporcionar repetidamente sexo oral a desconocidos y en público para obtener copas gratis), Jack-ass (actividades en las que buscar la risa ajena con daño propio), after sex selfies (fotos realizadas por los protagonistas, inmediatamente tras haber mantenido relaciones sexuales) y un largo etcétera que o deja de sorprender…

 



Publicado el 03 de agosto por SafeChildren Guardian en la categoría de proyecto


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