Yo quiero una "SuperNanny" para Internet

Yo Quiero una SuperNanny para Internet
A mi hija le encanta ver Supernanny. Y lo sorprendente es que sólo tiene diez años. No es un caso único, al menos entre sus amigas. La verdad es que resulta un tanto extraño que unas niñas se queden embelesadas viendo cómo se aplica disciplina y orden a otros niños así como a sus padres.

Somos los mayores quienes añoramos algo de la disciplina, el orden y el respeto que era norma habitual hace unas décadas. Seguro que al leer la frase anterior salta a nuestras mentes la idea de imposición y fuerza. Sin embargo, al menos por lo que yo viví, nada de esto era necesario; era fácil imitar lo que veíamos en la calle, en el colegio y en casa. Y en caso de que nos desviáramos algo, no había nada que un leve toque de atención no pudiera reconducir.

Sin embargo hoy en día, existen dos causas por las que nuestros hijos tienen unas referencias diferentes a las nuestras. La primera es debida a que hemos relajado en parte nuestra labor de ser el ejemplo a imitar, bien por falta de tiempo, o porque no queremos cohibirlos pensando erróneamente que así los haríamos infelices.

Y la segunda, porque los menores tienen muchos modelos alternativos en los que fijarse. Y estos les llegan a través de la televisión y de internet básicamente. Es paradójico que hoy, cuando los niños pasan menos tiempo en la calle sin nuestra supervisión directa, es cuando más influencias y estímulos fuera del control de sus tutores reciben.

El proceso de aprendizaje social, el que nos familiariza con las normas, conductas, principios y valores de nuestro entorno, precisa de imitación y referentes sólidos. Y de paciencia por nuestra parte... y la suya. Dado que somos los padres, y por ello mayores, recae sobre nosotros, y no sobre ellos, el definir qué deben y qué no deben hacer. Esto implica que puede que nuestros hijos se sientan frustrados en alguna ocasión porque no quieran obedecer, porque les dé vergüenza pedir perdón tal y como les pedimos o porque no entiendan porqué deben comportarse de determinada manera, tan sólo porque lo dicen sus padres.

Queremos ser padres perfectos pero ello no implica retroceder en cualquier ocasión en la que nuestros hijos protesten o les cueste hacer algo. Seguro que ellos prefieren tener recreo y juegos todo el día en el colegio. Pero, al igual que no les dejamos definir el horario y contenido de las clases, tampoco debemos hacerlo con las enseñanzas que les ayudarán a ser más felices cuando tengan su propia vida.

Ser padres no es sólo estar con una sonrisa permanente en la cara. Es también corregir, explicar, motivar...y también prohibir, ¿por qué no? Por esto, a pesar de que internet sea para nuestros hijos un juego, debemos definir horarios y contenidos de internet aconsejables, limitados o prohibidos. Internet es para los niños un amigo informativo y lúdico, pero puede llegar a ser peligroso e incluso nocivo. Especialmente si los contenidos les llegan sin filtro ninguno. Pensamos que TV e internet son similares pero, mientras que conocemos algo de la programación de tv, internet es prácticamente infinito y cuenta con todo tipo de contenidos. Y nuestro desconocimiento les hace más vulnerables.

Así pues, en mi casa, mi hija pide permiso para utilizar la videoconsola, para acceder a Internet o para ver la tv si no son canales infantiles. Prefiero que mi hija se frustre hoy y se recupere en unos minutos por hacer algo que no entiende o comparte, que no que siga siendo una niña, y por ello inmadura, a pesar de que ya sea adulta. Y por ello infeliz.



Publicado el 14 de febrero por Sergio Pallás en la categoría de padres


SafeChildren Guardian by Havoc Technologies S.L. Sergio Pallás
Padre comprometido con la educación de sus hijos en casa, colegio e Internet.
@SergioPallas



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